Sigues mirando y ves a los pájaros volar. Mientras tanto sientes el frío cristal en tus manos, observando la libertad de sus movimientos. Siguiendo su revoloteo llegas alcanzar a un grupo de niños jugando en el campo. Corriendo, saltando, pasándose la pelota,…. Pero esa sensación de alegría no te llega completa, te falta el sonido de sus alocadas risas. De repente por arte de magia escuchas unas risas pero de una voz reconocida. ¡ Es la tuya ¡ las estas recreando al no poder traspasar las suyas ese muro invisible del cristal, para poder completar esa sensación de felicidad.
Unas gotas de lluvia muriendo sobre el cristal, te apartan de esa felicidad contagiada. Ves como de la nada unas pequeñas lagunas aparecen en el cristal. Expandiéndose al romperse la gota, deslizándose y viviendo sus últimos instantes …
Una voz nos avisa, nuestra parada llego, terminando aquí nuestra primera etapa del viaje.